El rock argentino antes de la revolución beatle. Parte 1

El estreno de la película Blackboard Jungle desata la primera fiebre del rock & roll: bailes entre las butacas, prohibiciones y una andanada de versiones locales.

Víctor Tapia

6 noviembre, 2019

Una semilla de maldad

El rock and roll, el doo wop, el twist, la música surf, etc. La lista sigue. Entre 1955 y 1964, el rock en la Argentina tuvo un vasto desarrollo que comprendió a muchos géneros. Su evolución histórica se encuentra bastante alineada con lo que ocurría en los países anglosajones, aunque con ciertas diferencias de grado y particularidades a tener en cuenta. Por ejemplo: la irrupción de la Beatlemanía en particular (y la British Invasion en general) no se produjo en Argentina hasta el año 1964. Hasta entonces, el rock inglés casi no era consumido en el país a excepción de algún número aislado como The Shadows. Será el período 1964/1967 el que imprimirá un giro de la industria discográfica hacia la égida británica, y en modo parcial a canciones con temática de protesta. Durante esos años también fue poderoso el influjo de la Invasión Uruguaya, con los Shakers a la cabeza. Los grupos orientales, en ese sentido, fueron responsables del ascenso de la utilización del inglés en las bandas argentinas de la era beat.

En el período 1955-1964, sin embargo, no solo hubo una preponderancia del castellano como el idioma preferido a la hora de cantar sino que también se contó con numerosas composiciones firmadas por músicos locales. Si bien se aprecia la existencia de un porcentaje grande de covers (que varía de acuerdo a la agrupación en cuestión), no hay mayores diferencias respecto de lo que ocurría en escenas como la del mismo rock británico. 1966 fue el año en que The Rolling Stones, Yardbirds, Hollies, The Who y The Kinks lanzaron sus primeros álbumes integrados enteramente con temas propios, lo que permite ver cómo la Argentina no tuvo una situación disímil en años en los que aún predominaba la figura del compositor profesional. En ese sentido, la actividad en otros países como Francia, España, Italia o México viene a ratificar esta hipótesis.

Si se desean distinguir las diversas etapas, es conveniente realizar una breve periodización de la música rock argentina previa a 1964. La segmentación entronca más con un tipo ideal que con una cronología respetada a rajatabla. En muchos años convivieron expresiones correspondientes a períodos contemporáneos y anteriores, de manera que no es aconsejable ver a los comienzos y las finalizaciones de cada etapa como procesos que ocurrieron de manera abrupta o repentina.

El primer segmento de la historia del rock argentino estriba entre 1955 y 1958. Como se trata del menos estudiado a pesar de su carácter de semilla inicial, es conveniente demorarse sobre ese período. La elección limita espacio a las expresiones desarrolladas entre 1958 y 1964, las cuales han sido aún más variadas tanto por la mayor cantidad de artistas existentes como por su mera extensión cronológica. Veamos.

Hacia fines de 1955, el estreno argentino del film Blackboard Jungle desató la fiebre del rock and roll. La película dirigida por Richard Brooks suscitó pasiones juveniles por todo el mundo a causa de su retrato de un violento colegio estadounidense donde los maestros eran quiénes debían obedecer a los alumnos. La elección de una grabación del grupo Bill Halley and The Comets (“Rock around the clock”, una creación de compositores profesionales que había sido un lado B de éxito modesto) para acompañar a los créditos permitió que el naciente rock and roll quedara asociado a la adolescencia, que empezaba a mostrarse como un sujeto histórico de envergadura.

La premiere de Blackboard Jungle tuvo lugar el 20 de marzo de 1955 en Nueva York, cinco días antes de que se estrenara a nivel nacional en los Estados Unidos. Su difusión mundial permitió que cada país empezara a desarrollar su propia adaptación del rock and roll. Australia y Nueva Zelanda fueron los primeros países en grabar rock fuera de Estados Unidos, gracias a los pioneros Vic Sabrino (que publicó su versión de “Rock around the clock” en el país de AC/DC por agosto de 1955) y Johnny Cooper (que en octubre de 1955 lanzó su propia interpretación en pagos neozelandeses). En el mismo año, Japón hizo una versión bilingüe merced a la voz de Cheimi Eri, fechada aproximadamente en el verano nipón. Y el 19 de diciembre de 1955 permitió que Finlandia se sumara al ruedo con la interpretación efectuada por Göran Ödner.

A nivel iberoamericano, Brasil tuvo una posición aventajada: fue el primer país de la región en que se estrenó la controversial película, durante el mes de octubre de 1955. Esto provocaría que la cantante de samba Nora Ney realizará la primera grabación de rock en toda Iberoamérica: una versión de “Rock around the clock” efectuada el 24 de octubre de 1955 que, pese a utilizar el inglés, ya entablaba una dialéctica con las músicas locales. El acordeón interpretado por uno de los miembros del Sexteto Continental fue el preámbulo de una constante propia de los primeros años del rock and roll brasileño. Brasil adoptó rápidamente al portugués como el idioma principal de su rock gracias a Heleninha Silveira, quien grabó el éxito de Haley junto al conjunto vocal Titulares Do Ritmo en la jornada del 28 de noviembre de 1955. La dirección musical estuvo a cargo del uruguayo Rubén ´Pocho ´ Pérez, lo que demuestra la existencia de imbricaciones entre países iberoamericanos dentro del mismísimo nacimiento del rock and roll.

Precisamente, Uruguay también tuvo una posición aventajada a nivel mundial pues en diciembre de 1955 fue cuna de una grabación de “Rock around the clock” cantada en inglés por un crooner local. La dirección musical fue realizada por el italiano Luciano Budriesi, más conocido por su pseudónimo artístico de Lucio Milena. Un músico que tuvo un rol preponderante en los arreglos y composiciones del primer rock argentino, por lo cual volvemos a encontrar conexiones entre los países iberoamericanos.

En tierras argentinas, el primer disco de Bill Haley fue editado el 1 de febrero de 1955 con tirada de 900 ejemplares. Contenía los temas “Dim, dim the lights (I want some atmosphere)” y “Happy baby”, invirtiendo así los lados de la edición internacional. Para el 1º de marzo de 1955, se editó con tirada de 500 ejemplares el disco de 78 RPM con “Rock around the clock” y “Thirteen women (and only man In town)”. Nuevamente, la edición local alteraba los lados originales.

Todas estas ediciones se realizaron bajo los últimos meses del segundo gobierno de Perón, derrocado el 16 de septiembre de 1955. Serán los años de la dictadura militar autodenominada Revolución Libertadora los que oficiarán como contexto histórico de la fiebre rocanrolera. El estreno de Blackboard Jungle se produjo en estas circunstancias, más precisamente el 30 de noviembre de 1955. Esto no solo provocó reediciones de Bill Haley en mayor tirada, sino un fenómeno muy particular protagonizado por los adolescentes argentinos. Las salas de cine fueron tomadas como lugares para bailar, desafiando tanto a la oscuridad y la disposición de las butacas como a las sanciones de espectadores, empleados de los locales y fuerzas de seguridad. Ésta rebelión corporal se expandió también a las calles y otros espacios públicos, extendiéndose en muchas provincias alejadas del epicentro porteño. Un decreto realizado por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires el 26 de febrero de 1957 prueba no solo la extendida duración temporal de estos bailes, sino que también delata la preocupación gubernamental por esas expresiones.

La industria discográfica responderá de manera casi automática a Blackboard Jungle, en virtud de un contexto en el cual la sustitución de importaciones también era empleada como modelo válido para el mercado musical. La orquesta del trompetista Roger Santander (Rogelio Santander) realizará la primera grabación de rock en la Argentina el 5 de diciembre de 1955. Su versión de “Rock around the clock” fue lanzada el 1 de marzo de 1956, con tirada de 300 ejemplares. Hasta el día de hoy no se han encontrado copias de esta placa, pero se disponen de los avisos de revistas y registros en el Boletín Oficial como prueba de su existencia.

La iniciativa fue encarada por Odeón, una subsidiaria de EMI que buscaba competirle a la filial local de Decca y su éxito de ventas montado en el catálogo de Haley. El 19 de diciembre de 1955 se sumó a la carrera la orquesta del trompetista italiano Lodovico Tullio Gallo, con una particular versión del éxito de Blackboard Jungle. El canto fue efectuado por el conjunto vocal Los 4 Bemoles, formación que antecedió directamente a Los Cinco Latinos; Estela Raval es la voz principal y se puede apreciar de manera notoria a Ricardo Romero dentro de los coros. Pero en vez de cantar la letra original, decidieron tomar solo el título de la canción y efectuar un pseudo-scat montado en unos arreglos que revelaban la formación bebopera de Tullio Gallo. Una buena muestra es el solo de batería con el que comienza la grabación (que luego vuelve a repetirse hacia su mitad) y el solo de guitarra eléctrica, con parecidos estilísticos a la obra de Horacio Malvicino. Esta versión fue lanzada el 2 de abril de 1956, con tirada de 230 ejemplares.

Podrían mencionarse ciertas grabaciones pioneras del rock and roll, más en el caso de que se quisiera efectuar un revisionismo de los orígenes del género en los mismísimos Estados Unidos. Basta mencionar que la canción country “Jambalaya” de Hank Williams fue grabada por la cordobesa Elder Barber (Elda Perla Barbero) para un disco editado el 2 de noviembre de 1954. El mismo tema fue versionado por las orquestas de Eduardo Armani (grabación del 20 de agosto de 1953, con voz de George Forster) y Héctor y su Jazz, en las voces de Nélida Esther Corriale (Lilian Red) y Juan Carlos Duggan. Esta orquesta también abrió los caminos del doo wop argentino con su interpretación de “Sh-Boom”, compuesta e interpretada originalmente por el conjunto The Chords. Si bien es de presumir que la orquesta de Héctor se basó en la exitosa versión los canadienses The Crew-Cuts, una vez más nos encontramos con unos arreglos que entroncan con la formación jazzística de los primeros músicos argentinos que se animaron a explorar las nuevas tendencias. Muy seguramente, el arreglista haya sido el afamado Martín Darré.

También es importante anotar la gran cantidad de artistas femeninas en estos orígenes. Ya mencionamos a Estela Raval, Lilian Red y a Elder Barber. Ésta última fue la primera figura de la música juvenil argentina y configuró una apuesta fuerte de Odeón. Ella llegó a grabar un blues en castellano titulado “No quiero llorar”, con música de José Kumok (apodado George Andreani) y letra de Julio Porter Lifehitz, futuro director del film El Extraño de Pelo Largo (estrenado en 1970) y creador de los diálogos adicionales del primer film argentino y sudamericano de rock: Venga a Bailar el Rock, estrenada el 19 de agosto de 1957. La novedad, como vemos, se consolidaba a fuego lento.

Víctor Tapia

(Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1995) es periodista e investigador. Es uno de los directores y columnistas del sitio Universo Epígrafe, revista electrónica dedicada a temáticas artísticas. Una extensa porción de sus artículos se entroncan con una investigación referida a los orígenes del rock argentino, tomando en cuenta el período 1955-1965. Actualmente está preparando un libro donde recoge parte de este trabajo, enfocándolo en los años 50. También está terminando de cursar la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. 

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